Mi Testimonio Vocacional
¡Dios, cuando Ama llama!
Mi
nombre es Víctor M. Hernández Velázquez y al momento tengo 32 años.
Pertenezco a la Parroquia san José del pueblo de Peñuelas. Soy el menor de
cuatro hermanos e hijo de un matrimonio excepcional de Hermanos Cheos el
cual lleva 42 años de matrimonio y al momento dedicados en cuerpo y alma a
llevar a través de los campos de Puerto Rico en sus misiones la palabra de
Dios.
Cuando
pequeño, como hasta los 12 años siempre me llamo la atención el ministerio
sacerdotal, aunque como joven me envolví en las cosas del mundo y decidí
tomar otro camino. Este camino me llevo a realizar estudios universitarios,
completando en 1998 un bachillerato en Trabajo Social de la Universidad
Interamericana Recinto de Arecibo. De ahí ejercí mi profesión por los
próximos 10 años en diferentes escenarios en el campo del trabajo social y
esto me dio a su vez la oportunidad de trabajar en varios pueblos de la
isla. Como Trabajador Social pude palpar las necesidades que más afectan a
nuestras familias y a nuestros jóvenes.
Como
Trabajador Social me dedique en cuerpo y alma en luchar contra la injusticia
social y en la disminución de la violencia familiar. Entendía en aquel
momento que esa era mi vocación y a su vez lo veía como una forma de
servirle a Dios y a las personas más necesitadas. Mi última experiencia
laboral fue en un Hospital del área Sur y esta oportunidad abrió las puertas
para cuestionarme a mí mismo sobre si realmente el Trabajo Social era mi
vocación.
Hace
alrededor de 2 anos comencé a sentir una inquietud en mi corazón y esta
inquietud comienza cuando me doy cuenta de que muchos de los casos que yo
atendía en el Hospital se resolvían con una facilidad sobrenatural. En
muchas ocasiones ni hablaba bien con las personas y los problemas se
resolvían como por arte de magia y en mi área laboral me decían que era
increíble el volumen de casos que atendía y resolvía. Un día me cuestione a
mi mismo si era realmente yo el que los resolvía o era Dios el que los
resolvía por mí. Esta inquietud creció grandemente hasta el punto que ya no
aguantaba más la necesidad de saber la contestación, por lo cual decidí
hacer un retiro Juan XXIII y este fue el punto culminante. Dios me estaba
llamando para servirle a Él, aunque no sabía en ese momento como.
Luego de
haber recibido la llamada sentí miedo y tuve que tomarme mi tiempo para
analizar lo que me estaba ocurriendo máxime habiendo pasado tantas
experiencias de vida y más aun con 32 años, una profesión y mucho más.
Decidí buscar dirección espiritual y paso seguido conocí el Seminario Mayor
Regina Cleri y a sus formadores. Comencé a participar de sus talleres
vocacionales y entendí, luego de un largo proceso de discernimiento que
llevo poco más de un año y medio, que Dios me estaba llamando para el
sacerdocio ministerial. Como todo proceso nuevo costo trabajo, sacrificio y
mucha oración no tan solo entenderlo, sino aceptarlo como una opción de
vida. Luego de este tiempo de introspección decidí darle la oportunidad a
Dios y acepte su llamado. Hoy he dejado todo atrás para seguir a Dios con
humildad y con entrega. Hoy me encuentro comenzando mi primer año como
seminarista de la Diócesis de Ponce con la esperanza de poder servirle a
Dios de la mejor manera posible donde me necesite.
¡El Hombre, Cuando se Deja Amar por Dios Responde!