¿Como
me ha llamado el Señor?
Resulta muy difícil explicar cómo Dios se ha
manifestado para llamarme a la vida del ministerio sacerdotal, ya que han
sido muchos los signos y las bendiciones que Dios me ha regalado. Soy Omar
Omí Soto Torres, un joven de veinte años de edad, de la Parroquia Nuestra
Señora de la Monserrate en Jayuya.
Mi proceso vocacional comienzó
con mi
familia, mi primer seminario, que desde niño procuraron darme valores
humanos y cristianos, ha sido una familia de Iglesia, ya a los nueve años
era monaguillo. Recuerdo que de monaguillo siempre me gusto servir, a los
diez años me llamaba la atención la figura de P. Lozano (hoy Mons. Lozano),
quien fue mi párroco y me enseñó a servir en el altar, ya que siempre además
de regalarme chocolates, me exhortaba a que estuviera siempre dispuesto a
servirle al Señor en el altar. A decir verdad, uno como niño estaba más
pendiente a los dulces que a lo que decía el padre.
Pasaron unos tres años,
ya cursaba el séptimo grado y fue cuando por primera vez considere el
llamado a la vocación sacerdotal, al punto de que hice un trabajo especial
sobre lo que algún día quisiera ejercer: el sacerdocio. Esto duro un año,
ya que uno como joven estaba pendiente al relajo y además faltaban años para
graduarme, así que en lo menos que pensaba era en lo que iba a estudiar.
Pasaron unos tres años, y un día convocaron al grupo de monaguillos para una
reunión que iba a dar el Diacono Melvin (actualmente P. Melvin), recuerdo
que lo primero que hizo fue repartir unas hojas para que apuntáramos los
datos personales, luego dio la reunión y hubo un compartir. Pasó un mes y
comenzaron a llegarme cartas del seminario, las abría y las botaba.
No estaba muy pendiente a nada del seminario por que ya en la escuela superior
quería ser técnico en computadoras y además tenía una noviecita. Luego de
haber botado unas cinco o seis cartas, me digo “pues déjame ir una vez para
ver qué
es el seminario y así me dejan de escribir”. Llegó
el día del
taller vocacional y fui con mi hermano, a la verdad que me gustó y me
impacto lo que dijo el encargado de la meditación: “¿Para que el Señor te
quiere?”. Al terminar el taller mis padres me preguntaron que si me
gustó, dije que si y que volvería. Ese mismo mes lo hablé con quien fue mi
párroco durante mi proceso de discernimiento, el P. Faustino y me animó
muchísimo, exhortándome a que nunca me cansara de buscar lo que Dios quería
de mi. Luego de eso llamé al seminario y decidí buscar ayuda de un
sacerdote para ver que Dios quería de mí. Al comenzar el proceso y ver que
este
era
el camino, dejé lo que me ataba para seguir a Cristo, ingresando al
Seminario a los dieciocho años de edad. Actualmente curso mi tercer año de
filosofía en el Seminario Mayor Regina Cleri de la Diócesis de Ponce, estoy
muy contento de sentirme llamado al sacerdocio y cada vez resuena en mi
corazón las palabras del Señor: “Ven y te haré pescador de hombres”.