"Ser
su instrumento para llevar a las almas a Él"
Mi nombre es Norlan Rodríguez
García. Nací el 23 de febrero de 1984 en la ciudad de Ponce. Actualmente
vivo en el pueblo de Guayanilla, y pertenezco a la Parroquia Inmaculada
Concepción de ese pueblo. Tengo un hermano mayor que se llama Néstor. Mis
padres se llaman Dinia García y Néstor Rodríguez. Mi madre es maestra de
escuela elemental del Colegio Inmaculada Concepción, en el cual yo estudié
desde K – 9º grado, y mi padre trabaja en la A.E.E. en Costa Sur.
Me gustan las matemáticas,
física, y mi deporte favorito se relaciona con la carrera y exhibición de
automóviles (Fórmula uno y dragrace [carrera de cuarto de milla]).
Mi inquietud vocacional empezó a los 8 años
de edad, al estar participando de la Misa todos los días en mi parroquia por
la mañana. Cuando veía el sacerdote salir a celebrar la Misa, en mi interior
sentía una atracción a la Misa y a la figura del sacerdote, que a mi
entender era inexplicable esa atracción. También el ambiente del colegio,
donde recibí mi educación, rodeado de religiosas y sacerdotes, fue otro
factor que me ayudó en mi vocación. Me hice monaguillo de la Parroquia, y
aumentó la curiosidad de la vocación. Conocí a un sacerdote de la Parroquia
(P. Orlando) que fue el primer sacerdote que me dirigió espiritualmente y
con él aprendí más sobre la Iglesia y el sacerdocio ministerial. Todo lo que
el sacerdote nos dijera que leyéramos, lo leía, preguntaba y observaba
mucho. Cuando entré a la escuela superior, desistí un poco de la idea de ser
sacerdote, aunque por dentro todavía estaba esa espina que seguía calando.
Estando en el grado 12, comencé a estudiar
con más profundidad la relación entre ciencia y la religión, y eso me ayudó
a comprender y al mismo tiempo amar más a la Iglesia y todo lo que Ella es.
Cuando terminé mi grado 12, en la escuela superior de mi pueblo, decidí
hablar con el Rector del Seminario, en aquel entonces era Mons. Jesús Diez.
El me dio un consejo que nunca se me olvidará. Me dijo que estudiara una
carrera universitaria, pero que en el proceso de estudiar no dejara la
oración, la Misa, confesión y dirección espiritual. Y si aún tenía la
inquietud vocacional que pidiera ingreso.
Estudié en la Pontificia Universidad Católica
de Ponce, graduándome de maestro de matemáticas. Y un año, antes de terminar
mis estudios, empecé a ir a los talleres vocacionales en el Seminario, y a
las charlas que tenía con el rector de discernimiento vocacional.
Mi experiencia cuando hice mi práctica
docente, fue importante para tomar la decisión por entrar al Seminario. Vi
en esa realidad las necesidades de las almas que conozcan a Dios. Pude ver
que el Señor me llamaba para algo más profundo, más que un Magister
instrumentum sapientiae, (un maestro instrumento de la sabiduría), sino
de ser su instrumento para llevar a las almas a Él.