Antes de comenzar
narrando brevemente mi testimonio vocacional quisiera dar la más cordial
bienvenida a todos aquellos que accedan a nuestra página de internet
www.reginacleri.com.
Gracias por su visita.
Cuando comencé a escribir el testimonio me di cuenta
que nunca me había planteado el ser sacerdote. Ni siquiera pasaba por mi
mente esta gran vocación. Siempre tenía en mi mente el ser alcalde de mi
ciudad. La política era mi pasión. Tenía ideado estudiar un bachillerato
en Ciencias Políticas en la Universidad Católica para después estudiar
Derecho. Luego, ejercer la abogacía para entonces postularme al puesto
político ya mencionado. No voy a negar que la figura de un sacerdote,
mi párroco Mons. Héctor E. Rivera Ramos, me llamara mucho la atención.
Su vida sacrificada, su servicio incondicional para con los demás, su
espiritualidad, su dinamismo son algunas de las tantas cosas que me llamaron
la atención con relación a la figura del sacerdote. Poco a poco con el
pasar del tiempo sentía que la política ya no me interesaba mucho.
Comencé a envolverme más en el trabajo parroquial y en cualquier actividad
que había ahí estaba yo. Me sentía muy a gusto al entregarme por entero a la Iglesia,
aunque fuera a tiempo parcial.
A raíz de
todo esto empecé a plantearme la vocación sacerdotal, aunque en aquel
entonces era solo una posibilidad. Llegué al grado 11 y el llamado se hizo
más fuerte. Seguía planteándome la vocación pero seguía inseguro. Pero
providencialmente conocí a un joven de San Juan llamado Edwin Irizarry
Camareno. Edwin asistía a unos llamados talleres vocacionales en el
Obispado de Mayagüez y me explicó lo que eran esos talleres. Me invitó un
sábado a un taller y asistí sólo por curiosidad. Desde ese momento en adelante
iba a todos los talleres y asistí a un retiro vocacional que organizó la
Pastoral Vocacional de la Diócesis de Mayagüez. Tanto los talleres como el
retiro me ayudaron a madurar en mi discernimiento vocacional. Ya en el
grado 12 estaba decidido. Quería ingresar al seminario para comenzar con la
formación sacerdotal. Hice todo los trámites, tuve la entrevista con el
promotor vocacional y con el Obispo. A finales de junio me llegó la carta
de aceptación como seminarista de la diócesis y de ahí en adelante todo
cambió para mí.
Otros factores que ayudaron en mi discernimiento fueron la
vida espiritual y la dirección espiritual. Desde agosto del año 2003 hasta
el presente estoy en este seminario y me siento sumamente feliz porque estoy
cumpliendo la voluntad del Señor. No es fácil, pero se puede. Así que,
joven que has leído este testimonio, te invito a que no tengas miedo en
abrir tu corazón al Señor y entregarle tu vida. Que no te importe el que
dirán tus amigos o cualquier persona. Si tu sientes el llamado del Señor
responde con generosidad. Yo dejé un futuro político, que me prometía
muchas cosas, por seguir a Cristo y entregar mi vida al servicio TOTAL de
los demás. No mires tus defectos tampoco, todos los tenemos. Ninguno de
los que estamos en el seminario somos perfectos. Si fuésemos todos iguales
esto sería bien aburrido. El demonio siempre tratará de poner rocas en el
camino para desviar tu atención a tan extraordinaria vocación. Por eso
debes tener una vida espiritual fuerte para no caer en sus trampas. Te
animo para que seas parte de los valientes, que sin importar las
adversidades de la vida, responden con un SI generoso al Señor. ¡Que Dios
te bendiga!