
por: Ernesto Pérez Torres - Seminarista de Arecibo PR
Cultiva Tu Santidad
En un pueblo pequeño que por
característica común de tamaño toda la comunidad se conoce, vivía
una señora de unos 65 años de edad llamada Doña Teresa quien la
gente conocía como una persona que nunca nunnnca se le
escucho hablar mal de nadie, motivo por el cual la gente hablaba de
ella, como una persona santa, prudente al hablar y humilde, y para
la mayoría del pueblo que no practicaban estas virtudes era una
persona totalmente aburrida.
Un día le llego la muerte a
Don Pepe, un hombre horrible al que toda la comunidad hablaba mal de
El, porque Pepe había abusado de niños, matado ancianos, robado y
maltratado a sus padres, era tan malo que hasta los mismos
sacerdotes del pueblo rezaban insistentemente por su conversión.
Mientras muchas personas festejaban con alegría la muerte de Pepe,
un grupo de personas con toda mala intensión de escuchar hablar mal
por primera vez a Doña Teresa y con la seguridad de que no existía
nada bueno de que hablar de aquel hombre _ al verla la detuvieron
y le preguntaron:
-
Doña Teresa ¿Se entero que Don Pepe murió?
Respondió con tranquilidad:
-
No, no me he enterado.
-
Díganos Teresa ¿Y que usted tiene que decir de Don pepe?
Ella, se mantuvo en
silencio por unos segundos los miro con ternura y le respondió:
-
Pues, Don Pepe siempre fue una persona que mantuvo en su
vida una dentadura blanca y arreglada.
Existe una frase que dice: Si
no sabes algo malo de alguien no lo inventes, Si lo sabes y
es privado no lo divulgues, Si lo sabes y es público para
que repetirlo.
Este cuento puede ser simple
pero la enseñanza que nos trae Teresa es que siempre tengamos
presentes el hablar bien de nuestros compañeros, amigos y nuevos
conocidos, siendo prudentes al hablar, por que no somos dioses para
juzgar, y menos condenar al hermano. Ni a ti ni a mi se nos puede
olvidar que padecemos de la misma enfermedad el pecado y por tanto
tenemos que tener paciencia y dominio de Si ante el pecado
permaneciendo en comunión con el hermano, de este modo logramos
cumplir con el mandamiento del Amor. Siempre recuerda que el amor
que tu no puedes dar a tu compañero, se convierte en el amor que te
falta a ti.
Dice la Biblia:
Eclesiástico 1, 22-24
La Pasión del injusto no puede
justificarse, porque el ímpetu de su pasión le hará caer.
El Hombre paciente aguanta
hasta el momento oportuno, y al final su paga es la alegría.
Hasta el momento oportuno
retiene sus palabras, por eso muchos alaban su prudencia.
Repito:
Porque el ímpetu de su
pasión le hará caer. Nuestra tarea de día
a día es santificarnos por eso tenemos que tener bien claro
que: Santo es aquella persona que cae reconoce su falta,
pide pendón (se reconcilia), renueva su Santidad y continua
purificando su alma, quien mantiene este vinculo con Dios camina en
santidad; porque quien esta en las manos de Dios, vuelve a caer en
las manos de Dios. (Ser Santos es participar de la santidad de Dios,
Jesús es el santo de los Santos, pero el Espíritu Santo es el
Santificador) Es el que te Santifica. (Para ser Teólogo Hay que ser
Santo).
Dice la Biblia: Lv 20, 26
Sed para mí santos, porque yo,
el Señor, soy santo, y os he separado de entre los pueblos para
que seáis míos.
La Santidad comienza el la
tierra y llega a su plenitud en el cielo, para eso Cristo vino al
mundo para hacer posible nuestra Santidad, por eso la verdadera
desgracia del ser humano es no ser Santos.
Preguntémonos cada uno:
¿Como lograron los Santos ser
Santos? Reproduciendo la Imagen y semejanza de Jesús en sus vidas.
Por eso si tu y yo queremos llegar a ser Santos
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.
el punto de referencia
siempre es Jesucristo.

por: Ernesto Pérez Torres - Seminarista de Arecibo PR
